La aprobación de la Ley de Partidos ha significado una verdadera prueba de fuego para los dirigentes políticos democráticos y progresistas que vienen luchando por romper el monopolio de poder que ha entronizado el peledeísmo desde el año 2004.
Y lo es porque lo que se ha aprobado en esa ley es una trampa en forma para forzar a los partidos alternativos, minoritarios, nuevos o emergentes, a convertirse en socios obligados del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) o del Partido Revolucionario Moderno (PRM), pues de lo contrario están destinados a perecer al filo de las disposiciones de esa legislación.
Aparte del PLD y el PRM que sin duda seguirán siendo el corazón dominante del sistema de partidos en República Dominicana, el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y el Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) deben sobrevivir aunque en su nuevo rol de charnelas al servicio de los primeros para conservar el situado gubernamental y la franquicia electoral que aporta poder de negociación y fondos públicos.
Esa no es la suerte de los demás partidos opositores, con escasa o ninguna presencia en el Congreso Nacional o en las municipalidades.
Los que de ellos se entreguen al PLD o al PRM donde no hay proyectos programáticos de ampliación de la democracia, de implantación de la justicia, de rescate de los servicios públicos, de condena a los corruptos y corruptores, de freno al endeudamiento, de seguridad en las casas, calles y carreteras, hipotecan su futuro y no tienen esperanza de multiplicarse.
Queda entonces la opción de forjar una gran unidad alternativa o esperar el desparpaje tras el arrebato que dejarán las elecciones de 2020. Es preferible e inteligente unirse al más alto nivel cuando aun hay posiciones electivas que disputar, que hacerlo luego de una humillación para chillar sin objetivo más allá de la denuncia justa.
Si los partidos alternativos se presentan a las próximas elecciones cada uno con boletas propias o en bloques de dos o tres, se consumará el objetivo de la Ley de Partidos y el deseo de los dirigentes de los partidos mayoritarios: seguirlos dispersando y eliminando de la competencia electoral.
Ante ese panorama, si los dirigentes opositores tienen confianza en el pueblo dominicano y poseen fuerza para continuar luchando por un país de ciudadanos con deberes y derechos, donde se respete la vida, la ley y se promueva el trabajo, la educación y la participación democrática, no les queda otro camino que forjar ahora una gran unidad que demuestre que los intereses nacionales se han colocado por encima de los particularismos.
Gran unidad ahora
Digo una vez más que esa gran unidad puede forjarse si los partidos alternativos y en lista para exclusión, se concentran en las elecciones municipales y legislativas, llevando a sus dirigentes más conspicuos como candidatos a alcalde, diputado y senador en sus provincias natales.
La honestidad es la más fiel aliada de la táctica; la ilusión, una traicionera irreverente. Por eso digo en forma directa que si los partidos alternativos quieren trabajar para abrirle brechas a este sistema excluyente y marginador, tienen -ahora- que plantearse objetivos realistas y metas objetivas



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