Por Félix Betances
Las declaraciones del expresidente Hipolito Mejia no son nada
nuevo para el país, aunque muchos lo han tomado como de gran relevancia en el
aspecto político y procedimental de la justicia en momentos exigibles.
Basta con recordar que esa consideración la ha externado
desde hace décadas quizás pensando que al pueblo dominicano se le puede seguir
manejando con el criterio que los políticos han tenido siempre, de que es un
pueblo de estúpidos, que solo ve hasta donde les alcanza la punta de la nariz.
Es a todas luces, un razonamiento equivocado a menos que con el mismo, pretenda establecer una especie de salvoconducto a personas que lleguen a ejercer la primera magistratura del Estado o que la hayan ejercido cuál es su caso, independientemente de si hubiere o no motivos para un cuestionamiento.
Aquí se conoce de cuestionamientos a exmandatarios que no han
tenido una respuesta judicial efectiva, dado el mal manejo de una justicia que
ellos mismos se han encargado de cultivar, entre el descrédito y las dudas, con
la excepción de Jorge Blanco quien fue condenado por prevaricación.
¿Qué esconde Hipólito Mejía y qué les esconde a los demás?
Se supone que si la Constitución y las leyes son iguales para
todos, no deben ser ellos la excepción en caso de que se haga obligatoria su rendición
de cuentas ante cualquier demanda de la justicia.
Tampoco hay que suponer como una condición previa, que a ningún
presidente o expresidente haya que enjuiciarlo por el solo hecho de haber
ejercido la posición, sino en casos en que hayan incumplido con el juramento a
la patria, al que se someten al momento de ser juramentados en el delicado cargo
y al que dicho sea de paso, muy pocos respetan.
Todo presidente que se somete al respeto y al cumplimiento
estricto de la Constitución en el ejercicio de sus funciones y vela por el buen
manejo de los intereses del pueblo en igualdad de condiciones, se supone que
tiene garantizado su descanso y el debido respeto del pueblo dominicano.
Por el contrario, los que sepan que tienen cuentas
pendientes, que hayan apoyado a los perversos que siempre sobran, o que hayan
permitido el tráfico de influencias o que de alguna manera hayan ofendido la
dignidad del pueblo, que se preparen;
pues tarde o temprano, tendrán su “San
Martín”.
1 Comentarios
Todo tranquilo
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