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Erradicar el hambre en América Latina es cuestión de asumir con responsabilidad el reto. OPINION

 

 

Erradicar el hambre en América Latina es cuestión de asumir con responsabilidad el reto.


América Latina y el Caribe se destacan como una de las regiones líderes en producción de alimentos a nivel mundial. Uno de cada cuatro productos alimenticios que circulan en el comercio internacional proviene de estas tierras fértiles. Sin embargo, en una paradoja dolorosa, 44 millones de personas en nuestra región sufren hambre. Esta cifra no solo es alarmante, es inaceptable.

Según un informe conjunto del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), acabar con esta tragedia no solo es posible, sino que está al alcance de nuestras manos. El documento, elaborado por los investigadores Eugenio Díaz-Bonilla y Tewodaj Mogues, sostiene que el 70 % de los países de la región podría erradicar el hambre invirtiendo menos del 1 % adicional de su Producto Interno Bruto (PIB). Incluso el 30 % restante, aunque con retos mayores —como el caso de Haití— tiene ante sí una hoja de ruta clara para avanzar.

Lo que falta, entonces, no es comida. Tampoco faltan diagnósticos. Lo que falta es voluntad política.

La disponibilidad no es el problema, el acceso sí

La región produce más que suficiente para alimentar a su población. El problema no es la escasez de alimentos, sino el acceso económico a ellos. En palabras de la exministra peruana Carolina Trivelli: "Es posible que acabemos con el hambre de manera directa. No es un problema de disponibilidad sino de acceso económico a los alimentos." Las familias simplemente no pueden pagar una dieta básica.

El estudio revela que 182 millones de personas no cuentan con ingresos suficientes para adquirir una dieta saludable. A esto se suma un dato revelador: mientras 44 millones sufren hambre, 141 millones de personas padecen obesidad. Y hay un exceso del 26 % en el consumo calórico promedio. La inequidad alimentaria es evidente, y también lo es el mal enfoque de muchos sistemas de protección social.

Reasignar recursos y articular esfuerzos

El investigador Díaz-Bonilla propone soluciones concretas: mejor focalización del gasto actual y reasignación de subsidios regresivos. Esto implica revisar hacia dónde están yendo los recursos estatales y asegurarse de que lleguen a quienes realmente los necesitan. Pero para que esto ocurra, es necesario que los gobiernos actúen con responsabilidad y visión a largo plazo.

El director del IICA, Manuel Otero, fue claro: sin agricultura no hay seguridad alimentaria, y la lucha contra el hambre no puede estar separada de la política agraria. Por ello, hizo un llamado urgente a una mayor coordinación entre los ministerios de Agricultura y Finanzas en toda la región.

Una decisión que marcará generaciones

Erradicar el hambre no es solo una meta estadística. Es una decisión moral, una apuesta por la dignidad y el futuro de millones de personas. ¿Cómo puede una región que produce alimentos para el mundo aceptar que uno de cada diez de sus habitantes pase hambre?

La solución está sobre la mesa. Requiere valentía política, decisión y empatía. Que no digan las futuras generaciones que nos faltaron los medios, cuando en realidad lo que nos faltó fue voluntad.

Hoy, más que nunca, los gobiernos de América Latina y el Caribe tienen la oportunidad —y la responsabilidad— de demostrar que el hambre no es un destino inevitable, sino un problema solucionable. Y el momento de actuar es ahora.

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