Durante el paso de la tormenta tropical Melissa, que afectó de manera indirecta gran parte del territorio nacional, el país entero fue testigo del esfuerzo conjunto de múltiples instituciones para mitigar los efectos de las lluvias y los vientos. Las ruedas de prensa, los boletines y los reportes diarios destacaban el trabajo de los ayuntamientos, la Defensa Civil, la Cruz Roja, los Comedores Económicos y otros organismos estatales y voluntarios. Sin embargo, una vez más, el gran ausente en los reconocimientos fueron los bomberos.
Resulta indignante que, pese a su entrega constante, estos
hombres y mujeres que arriesgan su vida sin importar la hora ni las condiciones
del clima, sigan siendo los olvidados de siempre.
En cada emergencia, son los primeros en salir a las calles: cortando árboles, limpiando imbornales, retirando escombros, rescatando personas atrapadas, brindando apoyo logístico a otras instituciones y hasta asistiendo en labores de distribución de ayuda.
No solo apagan incendios: los bomberos dominicanos hacen de todo, muchas veces sin recursos, sin equipos adecuados y con sueldos que no alcanzan ni para cubrir las necesidades básicas.
En ciudades y municipios del país, los bomberos también
asumen tareas que nada tienen que ver con su función principal: ayudan en
accidentes de tránsito, realizan rescates acuáticos, apoyan en operativos de
fumigación, trasladan enfermos, limpian calles y hasta colaboran con el
levantamiento de cadáveres. Lo hacen por vocación, por compromiso, no por un
salario digno ni por reconocimiento público.
Y aun así, cuando llega el momento de agradecer, nadie los menciona. Ni los alcaldes, ni los ministros, ni las autoridades que se llenan la boca hablando de “trabajo en equipo” durante los fenómenos naturales.
Cada vez que un bombero sale a servir, lo hace con el
corazón, sabiendo que si algo le ocurre, no hay seguro que lo ampare, ni
institución que respalde a su familia. Sus estaciones, en muchos casos, se caen
a pedazos; sus camiones son obsoletos; los equipos de respiración están
vencidos y los uniformes remendados una y otra vez.
Y aun así, nunca faltan al deber.
El país necesita una reforma profunda del sistema de bomberos, donde se reconozca su importancia como pilar fundamental de la gestión de riesgos y protección civil. No se trata solo de subir salarios o comprar camiones nuevos, sino de dignificar una labor que sostiene, muchas veces en silencio, la seguridad y la vida de todos los dominicanos.
Los bomberos son más que servidores públicos: son héroes que
trabajan en el anonimato, enfrentando el fuego, el agua, la oscuridad y la
indiferencia.
Y mientras el país siga mirándolos como una simple “brigada
de emergencia”, sin darles el valor que merecen, seguiremos siendo una nación
que celebra a los que hablan, pero olvida a los que actúan.



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