Por: Félix Betances
En los últimos días hemos visto el cierre por parte de las
autoridades, de algunos negocios en los cuales supuestamente, se violan
derechos de los servidores o empleados, pero también se ha señalado el disgusto
por parte de clientes insatisfechos debido a maltrato recibido.
Ojalá y las autoridades correspondientes hayan tomado las
medidas, después de haber agotado los protocolos de lugar como son: llamar la atención
de los propietarios, así como otorgarles los plazos prudentes para que corrijan
los referidos males.
Dicho cierre repentino, no deja de sorprender a los
barahoneros ya que desde hace un buen tiempo, aquí se han hecho denuncias de
igual magnitud en contra de otros grandes negocios tanto de capital local como de
capital foráneo y que se sepa, nunca se llegó a tomar una medida similar: cabe
preguntarse ¿por qué?.
No creo prudente mencionar nombres, pero son varios.
Solo recordar que aquí desde hace décadas, mucha gente rogaba
por la llegada de grandes negocios, tanto para dinamizar la economía como para
librarse del maltrato que el comerciante local ejercía frente a los usuarios
(precios altos, pocas opciones y hasta trato poco simpático en algunos casos). ¿Se
olvidó eso?.
Entendemos que la solución a la desagradable situación no
consiste en cerrar los negocios sino en que las autoridades correspondientes,
se empoderen de sus facultades y busquen un acercamiento con dichos empresarios
y se discutan con ellos, reglas claras que establezcan el debido respeto a
empleados y clientes, donde se señalen los límites de cada uno (derechos y
deberes) dejando claro, que la inobservancia de dichos términos, conllevarían
las consecuencias de lugar.
Sin embargo, ahí no termina todo, hace falta también fortalecer
al servidor nuestro, ya que hay personas que llegan a los puestos de trabajo y
creen que están en sus casas, que creen que no tienen que ajustarse al cumplimiento
de sus compromisos laborales. Los hay que andan en busca de trabajos y luego
que los consiguen no se comportan a la altura de las exigencias y para colmo, a
veces muy mal preparados y con una muy pobre disciplina.
Esperamos que las cosas se resuelvan de la mejor manera, ya
que de lo contrario, estaríamos retrocediendo y el retroceso en cualquiera de
sus manifestaciones no le conviene a nadie.



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