Si la expectativa de una transición en el Gobierno de Venezuela había esperanzado a muchos de los millones de venezolanos en la diáspora durante las primeras horas del sábado 3 de enero, ese sentimiento parece, al menos para algunos de ellos, haberse desvanecido.
Cuando estos venezolanos que dejaron su país impulsados por la crisis económica y la inestabilidad política se enteraron de la captura del presidente Nicolás Maduro en un operativo militar de Estados Unidos, la reacción fue palpable. Salieron a las calles, cantaron su himno nacional a viva voz y celebraron un anhelo de cambio que finalmente vieron posible de materializarse.
Maduro y su esposa, Cilia Flores, comparecieron este jueves en una audiencia judicial en Nueva York, tras más de 80 días en prisión. Están acusados de cuatro cargos de narcoterrorismo y posesión de armas automáticas, cargos que ambos rechazan y de los que se declararon inocentes.
“Cuando capturaron a Maduro me emocioné mucho y lloré, porque por él hemos pasado mucho trabajo. Creí que las cosas iban a mejorar, pero yo veo todo igual. Siguen los mismos con las mismas”, dice a CNN Argemiro Villero, un mecánico venezolano de 60 años que vive en Bogotá.
Con algunos matices, las palabras de Argemiro se parecen a las de varios de otros venezolanos con los que CNN habló en los últimos días en Colombia, México, Estados Unidos y España. La salida de Maduro marcó un quiebre y hay quienes dicen que es necesario esperar, pero aún así ven en el Gobierno de la presidenta encargada Delcy Rodríguez una continuidad del chavismo que les genera desconfianza.
Inmigrantes venezolanos celebran, en Brooklyn, Nueva York, el
3 de enero, después de que Estados Unidos atacara a Venezuela y capturara a su
presidente, Nicolás Maduro, y a su esposa Cilia Flores.
Inmigrantes venezolanos celebran, en Brooklyn, Nueva York, el
3 de enero, después de que Estados Unidos atacara a Venezuela y capturara a su
presidente, Nicolás Maduro, y a su esposa Cilia Flores. Eduardo Muñoz/Reuters
Los habitantes de Doral, Florida, sostienen una bandera
venezolana modificada con una foto de la líder opositora venezolana y premio
Nobel María Corina Machado, después de que Estados Unidos secuestrara a Nicolás
Maduro en Caracas el sábado.
Los habitantes de Doral, Florida, sostienen una bandera
venezolana modificada con una foto de la líder opositora venezolana y premio
Nobel María Corina Machado, después de que Estados Unidos secuestrara a Nicolás
Maduro en Caracas el sábado. Giorgio Viera/AFP/Getty Images
Venezuela hoy
Dejar Venezuela no fue nada fácil para Argemiro. Salió del país hace tres años y dice que en su tierra natal dejó mucho de lo que había construido a lo largo de su vida.
Conseguir trabajo en la capital colombiana fue “una tarea compleja” y, aunque piensa en la posibilidad de regresar, sus familiares que quedaron en Venezuela todavía le hablan de la zozobra que viven con cada día que pasa. La idea de volver se desintegra entonces cada vez más: “Se fue Maduro, pero todo sigue casi igual”, dice.
“Todos son iguales y es el mismo grupo el que sigue en el poder. Y sí, hay algunas mejoras, pero en el fondo todo sigue igual”, coincide Soranlly Casas, una ingeniera de sistemas de 35 años que vive en Bogotá.
Colombia es el principal destino de los venezolanos en el exterior, seguido por Perú y Estados Unidos. Más de 7,8 millones de venezolanos han abandonado su país en los últimos diez años, y 2,8 millones de ellos se encuentran actualmente en Colombia, según datos de Migración en Colombia, analizados por el Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario y la Fundación Konrad Adenauer.
Después de reiterados respaldos públicos a su gestión al frente de Venezuela tras la captura de Maduro, el Gobierno de Estados Unidos notificó semanas atrás que reconocía oficialmente a Delcy Rodríguez como “la única jefa de Estado” en Venezuela y que ese reconocimiento es parte de una transición hacia un gobierno “elegido democráticamente”.
Sin elecciones libres no hay nada, opina Sonrally, pero no ve eso como una posibilidad en un futuro cercano. “La supuesta transición yo no la veo”.
Para Eriana Zuleta, una venezolana de 28 años que vive en
Madrid, el proceso que lleva adelante Venezuela es positivo. Dice que lo más
importante es que “se están restituyendo derechos políticos, sociales y
humanos”, en particular con la liberación de presos políticos, un proceso que
inició el 8 de enero con un anuncio del Gobierno venezolano y siguió luego con
la ley de Amnistía aprobada en febrero por la Asamblea Nacional de Venezuela.
Desde el 20 de febrero y hasta el 24 de marzo, 302 personas que estaban privadas de su libertad se vieron beneficiadas por la legislación, dijo el martes el diputado chavista Jorge Arreaza, que preside una comisión especial de seguimiento de la ley. Sin embargo, organizaciones no gubernamentales e informes de la ONU señalan que esa información es difícil de constatar ya que no hay registros públicos oficiales de estas causas, y que cientos de personas siguen detenidas por motivos políticos.
“Se han visto algunos gestos que pueden interpretarse como avances, como la liberación parcial de presos políticos, así como ciertos movimientos institucionales y reacomodos dentro del poder”, dice un realizador audiovisual que vive en Ciudad de México desde hace nueve años y pide preservar su nombre por temor a represalias.
“Pero estos cambios siguen siendo insuficientes para hablar de una transformación estructural del sistema”, agrega.
Una transición lejana
El Gobierno de Rodríguez parece haber implementado “una serie de concesiones políticas y económicas suficientes para apaciguar a la administración Trump” y contener así un riesgo de que Estados Unidos intervenga en mayor medida, dice a CNN André Masuko, analista de riesgos de países de Latinoamérica y el Caribe en el Economist Intelligence Unit (EIU).
Estas concesiones se dieron en materia económica con la reforma de la ley de hidrocarburos, que abre el sector petrolero a inversiones extranjeras dejando atrás el control exclusivo de la petrolera estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA); en el ámbito político con la ley de Amnistía, y también con el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Caracas y Washington, interrumpidas desde 2019 durante el primer mandato de Trump.
En conjunto, esto ha consolidado la posición de Rodríguez
bajo una continuidad dentro del sistema liderado por el Partido Socialista
Unido de Venezuela, fundado por el fallecido presidente Hugo Chávez, señala el
analista.



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