Una de las enseñanzas que valoro de dar clases es poder aprender de mis alumnos. Ellos, a pesar de su juventud, tienen unos criterios, sueños y una voz que va más allá de los resultados de una prueba como PISA. Les pedí que me escribieran de forma breve qué retos enfrentan como jóvenes universitarios en República Dominicana. Acá les comparto sus respuestas.
Dasha Nicole (estudiante de medicina): Ser joven hoy es habitar contradicciones; nos piden que alcemos la voz, pero nos prefieren en el silencio mediático de las redes; nos educamos con un celular en la mano desde niños; nos exigen un éxito temprano, pero juzgan severamente cada tropiezo como los de la prueba PISA, haciéndonos sentir que debemos tener todas las respuestas antes de tiempo. En esa búsqueda de reconocimiento, muchos jóvenes caen en la falsa autosuficiencia, sostenida por un exceso de confianza que en el fondo puede esconder una profunda falta de identidad y una desconexión total de Dios.
El entorno digital agrava esta grieta, pues el peligro real de las redes va más allá de esa dopamina barata que nos engancha, es la trampa del ciberbullying, la desinformación y la "mala costumbre" de medir nuestra realidad contra ficciones ajenas de Europa, Estados Unidos y los resultados de otros jóvenes en cualquier otro país... Todas estas situaciones nos golpean de forma distinta, identificar la raíz de esas "altas expectativas" de la sociedad nunca cumplida es el primer paso para cambiarlas en otras más vivibles. Deseo decirles a mis compañeros que me lean que soltemos la arrogancia de creer que siendo jóvenes podemos con todo solos, seamos conscientes de nuestro valor inalienable y convirtamos esta incomodidad que causa que constantemente las pruebas PISA nos coloquen por debajo de las generaciones que nos precedieron en la fuerza para transformar nuestro entorno, tenemos a Dios y nuestros dones para lograrlo.
Jubel Antonio (estudiante de ingeniería): A nuestra generación se nos prometió un mundo lleno de oportunidades para vivir mejor que nuestros padres, donde todos podríamos ser lo que queríamos, pero en la práctica se nos entregó un camino ya trazado por las limitaciones económicas y sociales. La búsqueda de nuestros verdaderos propósitos se ha transformado en una carrera por la estabilidad de poder algún día ser independientes y la realidad de trabajos con salarios que no nos alcanzan para vivir. Elegir una carrera o un estilo de vida rara vez es hoy un acto de pura vocación; es en demasiadas ocasiones -sé que esto sonará mal- una respuesta obligada del mercado para asegurarnos un futuro. Esta renuncia forzosa a nuestras pasiones representa una crisis silenciosa que apaga el potencial innovador de miles de jóvenes con mentes brillantes sin descubrir, desperdiciadas ante este paradigma social que es el cambio de época modelada por tecnologías como la IA.
Dehuel Calcaño (estudiante de ingeniería): Yo considero que los retos de los jóvenes en la actualidad son diferentes a los de las anteriores generaciones. En ámbitos como la información, antes era mucho más complejo acceder a ella, para estudiar mis padres tenían que ir a bibliotecas o centros de estudios especializados. Hoy tenemos toda la información a un clic, pero nos llega en tanta cantidad que nos abruma y no sabemos qué es cierto y qué no. Todo viene con la etiqueta de real y reclamando tu atención. Las distracciones y la falta de concentración nos impiden enfocarnos correctamente y luego desean que saquemos el máximo en pruebas como PISA . En la actualidad existe mayor rivalidad por conseguir un puesto que pague bien, por eso la mayoría al culminar la universidad debe subsistir en lo que nos aparezca hasta saber si por un "buen contacto" nos abrimos camino en el mercado laboral que nos pide constantemente “experiencia”. Si un joven no se prepara y se forma correctamente nos habían advertido que sería uno más en la rueda de la pobreza donde las personas con menos recursos dan vueltas como ratas, pero el tema es que, incluso bien preparados, no estamos seguros de que la sociedad esté haciendo lo necesario para darnos un futuro distinto.
Joshua de Óleo (estudiante de ingeniería): Nuestra vida como jóvenes parece consistir únicamente en el esfuerzo por alcanzar metas. Sin embargo, hay momentos en los que enfrentamos tantas dificultades y cansancio que llegamos a nuestro límite y creemos que nadie nos entiende. Cuando entré a la universidad recorría las aulas para conocer a los profesores con quienes empezaría mi primer trimestre. Durante esos primeros meses, asistía a clases y luego esperaba los huecos entre materias para continuar con el horario del día, era alguien lleno de ilusión. Ser joven es abrir puertas y sorprenderte del mundo. Ser adulto parece que es irla cerrando poco a poco.
Al terminar la jornada, salía de la universidad a las 4:00 p. m. o 5:00 p. m. para dirigirme a la estación del metro Francisco Gregorio Billini, donde debía viajar de pie hasta llegar a la estación Concepción Bona. Al salir del metro, tomaba una guagua pública hacia Brisas y me desmontaba cerca del sector Villa Eloísa, desde donde caminaba el último tramo para llegar a casa; todo esto me podía tomar varias horas. Digo esto porque muchas veces asocian el estudiar en una de las mejores universidades privadas del país con una vida resuelta y solo dedicada al estudio, y no siempre es así. Todo esfuerzo lleva sacrificios.
Cada vez que tengo tiempo libre lo aprovecho para estudiar. A
veces llego tarde por los tapones en el tránsito, y otras me quedo despierto
hasta la 1:00 a. m. preparando exámenes y trabajos finales. No es fácil
mantener la compostura, pero hay algo que me inspira a seguir adelante: ver
alegre a mi familia porque voy aprendiendo y cumpliendo los objetivos que se
trazaron al ahorrar para que yo pudiera estudiar. Además, reconozco que otros
pasan por situaciones aún más difíciles, llegando extremadamente tarde a sus
hogares o teniéndose que quedar en la universidad para no perder sus clases. No
me quejo de mi realidad, soy un privilegiado. Ser estudiante debería consistir
en nosotros dar nuestro mejor esfuerzo por aprender y que la sociedad nos
premie con mejores oportunidades laborales. No siempre es así. Todo estudiante
tiene sus propios desafíos; a veces, los pesos destinados para gastos de comida
que me quedaban los he debido ahorrar para el pasaje, y no siempre estoy alegre
-como se espera de un joven-. Cuando la realidad me aprieta, puedo perder la
compostura por el estrés; aun así, trato de no dañar a otros. Es normal que
cuando somos jóvenes nos podamos sentir mal algunas veces, creo yo. Deseo
cerrar con este mensaje: hay algo que los jóvenes aspiramos casi siempre y es a
disfrutar la vida. Ojalá que lo logremos.



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