Por: José Corniell
La historia dominicana parece condenada a repetirse bajo el
signo del entreguismo.
La reciente decisión del presidente Luis Abinader de
suscribir un memorando de entendimiento con los Estados Unidos, bajo el
eufemismo de la iniciativa Escudo de las Américas, no es más que un acto de
claro servilismo que compromete la soberanía nacional a cambio de complacer los
intereses electorales y migratorios de Washington.
Apenas hace un año, el mandatario aseguraba con firmeza ante
el país que la República Dominicana no aceptaría ser centro de acopio para
migrantes o deportados de terceros países. Hoy, esa promesa se desvanece en el
aire, revelando una política exterior que prefiere la genuflexión ante el
"Amo del Norte" antes que la defensa del suelo patrio.
Al aceptar recibir temporalmente a ciudadanos de otras latitudes expulsados por Estados Unidos, el Palacio Nacional convierte a nuestra media isla en el patio trasero donde el imperio deposita lo que ya no desea.
Este acuerdo no solo es una afrenta a nuestra
autodeterminación, sino que violenta la lógica misma de nuestra seguridad
fronteriza.
Mientras el gobierno predica un discurso de control
migratorio estricto hacia el oeste, abre las puertas por el norte para cumplir
agendas ajenas.
Un Estado que no es capaz de decir "no" cuando su
integridad es puesta a prueba, deja de ser soberano para convertirse en una
simple extensión administrativa de Washington.



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