Convenientemente, al trazar rumbo a la forma de educar en el país mientras se dirige al 2034, las autoridades nacionales han puesto principal atención en el bajo rendimiento de los aprendizajes, en las insuficiencias infraestructurales y en el desapego a la pedagogía moderna, entre otras debilidades.
Se acogen a la realidad de que el sistema preuniversitario requiere un proceso integral de modernización que aunque fluya a través de la tecnología digital como gran hilo conductor, los resultados favorables van a depender significativamente del énfasis que logre ponerse en la capacitación del profesorado y en la disponibilidad de aulas para garantizar el acceso a la franja poblacional en edad escolar más extensa.
La tecnología, que no garantiza el éxito por sí sola, debe, sin exclusión social, dirigirse a armar al estudiantado de capacidades para razonar con sentido crítico ahora que abundan las opciones en línea para los entretenimientos improductivos y para la adicción a la banalidad que en el tiempo libre de las mentes inmaduras contrarresta el conocimiento útil que se brinda en centros educativos. Puede influir hacia resultados deplorables el que muchos alumnos procedan de hogares de escaso ejercicio de autoridad paterna preservadora de valores.
El fortalecimiento de la enseñanza que el Estado brinda y que llega al elevado porcentaje poblacional de medianos y escasos recursos y más críticamente alejado de la calidad educativa, está centrado promisoriamente (y vale celebrarlo) en contrarrestar las “pérdidas históricas de docencia y garantizar el cumplimiento de las horas de aprendizaje” con la inteligente decisión de extender el año lectivo hasta por dos semanas, cuando sea necesario, ya que estos objetivos de perfeccionamiento deben remediar las ligerezas combativas de la ADP.
En su código de honor, la entidad de incesantes
contribuciones a la calidad de la instrucción que es “Acción Empresarial por la
Educación, Educa, aboga porque República Dominicana “avance hacia la
despolitización del sistema educativo mediante mecanismos de selección basados
en el mérito y proteger el tiempo de aprendizaje mediante el cumplimiento
riguroso del calendario y del horario escolar”. Y en fin: enfrentar desafíos
estructurales.



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